El Papa culmina su viaje a Guinea Ecuatorial con una misa de despedida cargada de esperanza
En la misa que puso fin a su viaje apostólico por África, el Papa León XIV ofreció en el Estadio de Malabo una homilía de gran densidad espiritual, en la que profundizó sobre la Palabra de Dios, la libertad cristiana y el compromiso de la Iglesia con la justicia y la esperanza.
El Santo Padre comenzó sus palabras con un momento de especial carga emotiva: el recuerdo al vicario general recientemente asesinado, acompañado de una firme llamada a esclarecer las circunstancias de su muerte.
Desde el inicio, el Pontífice invitó a los fieles a ir más allá de una lectura superficial de la Escritura, vinculándola directamente con la vida cotidiana: «Las Escrituras… nos preparan para leer juntos el libro de la historia, es decir, las páginas de nuestra vida, que Dios sigue inspirando con su sabiduría».
Retomando el diálogo entre Felipe y el eunuco etíope, insistió en la necesidad de una guía en el camino de la fe: «¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?».
Con ello, subrayó el papel de la Iglesia como comunidad que acompaña, interpreta y transmite la fe, evitando que la religión se reduzca a algo individual o meramente intelectual.
Uno de los pasajes más desarrollados de la homilía fue la reflexión sobre la figura del eunuco africano, presentada como símbolo de muchas realidades actuales: «Este hombre… tiene inteligencia y cultura… pero no es plenamente libre».
El Papa explicó que, aunque poseía riquezas, vivía sometido, lo que le permitió establecer un paralelismo con formas modernas de dependencia y opresión. Frente a ello, destacó la fuerza transformadora del Evangelio: «El anuncio del Evangelio lo libera… renace a una vida nueva y libre en el nombre del Señor Jesús».
León XIV profundizó también en la centralidad de Cristo como cumplimiento de toda la Escritura: «El siervo sufriente… es Jesús, aquel que, mediante su pasión, muerte y resurrección, nos redime del pecado y de la muerte».
En este sentido, explicó que la fe permite descubrir el verdadero significado de la Biblia, no como un texto del pasado, sino como una palabra viva que interpela el presente.
En uno de los momentos más teológicos, el Papa vinculó el relato del maná con la Eucaristía: «El maná es prueba, bendición y promesa… el que coma de este pan vivirá eternamente».
A partir de ahí, planteó una pregunta directa a los fieles: «¿Confío en que su amor es más fuerte que mi muerte?»
Una interpelación que situó la fe como una elección concreta entre la desesperanza y la confianza en Dios.
En la parte final, el Santo Padre insistió en que la fe debe traducirse en acciones concretas: «El anuncio de la salvación se hace gesto, se hace servicio, se hace perdón; en una palabra, se hace Iglesia».
Asimismo, retomó la enseñanza de Papa Francisco para advertir contra el individualismo espiritual: «Cuando la vida interior se clausura… ya no hay espacio para los demás».
Frente a ello, llamó a una Iglesia abierta, comprometida con los pobres y activa en la construcción de una sociedad más justa.
Antes de concluir, León XIV dirigió un mensaje directo a los católicos del país: «Sean anunciadores apasionados… para que la Palabra de Dios se convierta en pan bueno para todos».
Con esta exhortación, el Papa dejó un claro mandato pastoral: vivir la fe con alegría, compartirla con otros y convertirla en motor de transformación social.
La celebración en Malabo no solo cerró su estancia en Guinea Ecuatorial, sino todo su periplo africano, dejando una homilía que resume el núcleo de su mensaje: una fe viva, comunitaria y comprometida con la libertad, la dignidad humana y la esperanza.
Fuente: Dirección General de Prensa Escrita, Página Web Institucional del Gobierno (DGPEPWIG)
Oficina de Información y Prensa de Guinea Ecuatorial
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