Cultura Afrán, el pintor de espacios públicos, lleva su arte a Italia y España La red de Centros Culturales de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) presentó en Madrid la primera edición de un entramado de actividades artísticas que han llamado “Enredados”. Se trata de uno de sus proyectos más destacados en América Latina y Guinea Ecuatorial, en torno a arte urbano, danza, música, hip-hop, etc. Representa a Guinea Ecuatorial un joven artista llamado Afrán, un muralista que ejecuta su arte en las calles, y que ha realizado trabajos en Malabo y Bata, así como en otras ciudades del mundo.

03/11/2011

El proyecto, que se presenta bajo el título “Enredados”, muestra en España el trabajo que los centros culturales de dicha red realizan en sus respectivos países. Para ello, entre el 27 de octubre y el 5 de noviembre, la Casa de América en Madrid acoge exposiciones, conciertos, debates, un ciclo de cine, cuentacuentos, danza, etc.

Dentro de este ciclo cultural, artistas urbanos de Argentina, EE.UU., Guinea Ecuatorial, Brasil y España realizaron murales en varias calles del centro urbano de la localidad madrileña de Valdemoro. Allí, ante la mirada curiosa de los peatones, materializaron una muestra de su arte sobre cinco muros de gran tamaño.

Al ecuatoguineano Afrán le acompañaban Jaz, de Argentina, Lebo, de los Estados Unidos, Jana Joana y Vitche, de Brasil y Nuria Mora, de España. Los artistas, después de plasmar sus creaciones en los muros de dicha localidad el pasado viernes 28, acudieron por la tarde a una mesa de debate en la Casa de América, donde dialogaron con los asistentes sobre sus creaciones en el espacio público. La mesa estuvo moderada por el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Francisco Reyes.

Allí pudimos conocer a este joven artista nacido en Camerún, de padre ecuatoguineano y muy ligado a Guinea Ecuatorial, donde empezó a desarrollar su  obra.

“Yo no nací grafitero, como algunos de mis compañeros de mesa. Nunca pinté de forma ilegal ni ocultándome de la autoridad. Vi en la pintura de mural un arte y también una forma directa de llegar al público" -asegura Afrán-. "La juventud ecuatoguineana está cambiando mucho en los últimos años; copian las modas del exterior, están en las redes sociales, y necesitan un lenguaje artístico propio; por eso, yo trato de expresar en los murales no sólo aspectos de la modernidad, sino que recojo también simbolismos de la cultura africana. Podemos ser también modernos sin copiar todo de occidente. No podemos olvidar quienes somos y de dónde venimos”.

Sin duda, una de las presentaciones más sorprendentes fue el vídeo que mostró Afrán, realizado en Leccio (Italia), donde desarrolla su trabajo actualmente. En esas imágenes daba cuenta de sus últimas creaciones, de los materiales que usa, de su originalidad en el arte callejero. Cualquier material le vale: latas, trozos de madera, incluso sus propias ropas. Particularmente impactante fue una creación donde el artista se acerca a un muro portando tan sólo un cubo de pintura roja y unas tijeras. La imaginación hizo el resto: cortando en trizas su chaqueta vaquera y pegándolas sobre un panel, consigue hacer una máscara, una alegoría de aire mitológico que minutos antes sólo era una cazadora con bolsillos y botones de metal.

“Los murales que tengo hechos en Bata y en Malabo son más clásicos. No se trata de manchar las paredes, sino de dejar una mancha de sonrisa y, si es posible, plasmar algo de espiritualidad. En el Centro Cultural Español de Bata realicé un mural a bases de figuras tradicionales que representan divinidades del pueblo fang”. También en Malabo, en el mercado de pescados, tengo una obra que mezcla escenas de la vida cotidiana y el arte mural”.

Nos explica Afrán su concepto del arte callejero y sigue diciendo:

“Me interesa hasta el propio movimiento de la pintura, cómo va del cubo, de las manos o, expulsada de mi boca, hasta la pared. El movimiento es más arte que el spray”.

El vídeo de su exposición muestra al artista en plena ejecución de una obra, donde salpicaba la pintura en el mural con la boca, como queriendo ir más allá de sus manos e infundir su aliento en la obra.   

Invitablemente, en la velada de la Casa de América, este joven africano de amplia sonrisa y trato afable cautivó con su original concepto de manchar las paredes de los espacios públicos. Lo demostró por la mañana, en la prueba práctica de Valdemoro, y lo refrendó por la tarde, en el visionado de su obra. “Trato de dejar siempre en las paredes caras sonrientes. Ser un traficante de felicidad”, terminó diciendo.

Texto: Alonso Marco.

Foto: Archivo.

Oficina de Información y Prensa de Guinea Ecuatorial.