Cultura El coronavirus: todo él un desafío para el continente africano Artículo firmado por Cándido Ondo Nchama, en la Revista Panáfrica, cuyo contenido íntegro reproducimos a continuación.

04/04/2020

En estos momentos en que de manera brutal se cierne sobre la especie humana la amenaza de un enemigo poco común tan peligroso como devastador, es oportuno remitir desde la humildad más rotunda un mensaje de ánimo y de serenidad, si cabe, al conjunto de la ciudadanía ecuatoguineana de la que orgulloso me siento parte integrante, como no cabría esperarse que fuera de otro modo.

Bajo las sabias orientaciones de un liderazgo político decidido y solvente, ahora toca arrimar el hombro agudizando el ingenio, para entre todos tratar de superar con ventaja el desaguisado creado por una pandemia cuyo advenimiento ha ‘pillado’ a la humanidad entera poco menos que en paños menores. De ahí que otorguémosles a los hombres de ciencia un voto de confianza que como en circunstancias similares a lo largo de la historia, apuesto por que esta vez también nos harán ver la luz al final del túnel en forma de una solución exitosa y definitiva.

Como si de antemano previera lo que se nos venía encima, S. E. Obiang Nguema Mbasogo, Presidente de Guinea Ecuatorial, en su alocución durante la V entrega del Premio Internacional UNESCO-Guinea Ecuatorial de Investigación en Ciencias de la Vida, de modo premonitorio se expresó en los siguientes términos: “África se enfrenta con muchos desafíos: cambio climático con inundaciones, sequías, epidemias, inseguridad alimentaria, agua potable y otras tantas adversidades. La Ciencia proporciona las soluciones a todos estos retos y la investigación científica es la clave”. (Addis Abeba, Etiopía, 10 de febrero de 2020).

No hago ningún descubrimiento al denotar que momentos son los actuales nada fáciles para el mundo en general y para el continente africano en particular. Este último, en las décadas recientes, empezaba a dar signos evidentes de repuntar respecto de su desarrollo socioeconómico pleno y sostenible, y de este modo dejar atrás de una vez por todas sus endémicas penurias, consecuencia evidentemente de una colonización malsana e improductiva durante centurias.

Lejos de ‘regodearse’ en las desventuras de las desdichadas de una memoria histórica compartida, ahora procede invitar a los pueblos de África a que tomen conciencia de sus responsabilidades ineludibles respecto de un futuro que sí depende del esfuerzo y de la inteligencia de sus moradores legítimos, los cuales deberían trabajar codo a codo en los más diversos campos del saber y de este modo alcanzar la victoria final para mayor gloria de todos. En lo sucesivo, debería acabarse la percepción de que, para solventar cualquier desconcierto en el continente había que recurrir permanentemente a soluciones de índole foránea. Actitud en absoluto productiva que siempre simuló una burda excusa para no dar un palo al agua a la hora de explorar iniciativas propias que nos llevaran a ser protagonistas reales de nuestro propio destino, y con ello deshacernos de la deshonra de eternizarnos en el furgón de cola en el tren de desarrollo socioeconómico de la civilización humana.

Pese al dolor y la desesperanza causados ahora en todos nosotros por la virulencia del mal del Coronavirus, siempre nos quedará la gran lección aprendida, y es que en la aldea global en la que se ha convertido nuestro planeta y en la que casi todo se comparte, para bien o para mal, las pandemias no hacen distingos entre las razas, clases sociales, ideologías políticas, credos religiosos, ni mucho menos apreciaciones individuales.

Un tal Miguel González, en el diario español EL PAÍS, firma un artículo, con fecha de 27 de marzo de 2020, en el que hace afirmaciones todas ellas carentes de una base informativa fiable, tal como ya es costumbre en él siempre que habla de Guinea Ecuatorial: “Un tribunal militar de Guinea Ecuatorial ha condenado a 90 y 60 años de cárcel, respectivamente, a los españoles de origen ecuatoguineano Feliciano Efa y Julio Obama; y a 90 años cada uno a los ecuatoguineanos residentes en España Bienvenido Ndong y Martín Obiang”.

Sin centrarnos en disquisiciones legales de gran calado, tema que en estos instantes no viene al caso, por razones de sobra obvias, susodicho periodista español, sin embargo, por pura decencia hacia sus lectores a los que supongo deberá el alto honor de informar en la verdad y nada más que la verdad, le convendrá saber que hablar de españoles de origen ecuatoguineano y viceversa nada tiene que ver con que los sujetos aludidos sean españoles y ecuatoguineanos a la vez. Pues a fecha del año 2020, que se sepa, no existe acuerdo alguno legal de doble nacionalidad entre el Reino de España y la República de Guinea Ecuatorial para sus respectivos nacionales. Por tanto, los individuos a los que Miguel González se refiere en su artículo, al no tener derecho a disfrutar de la condición de doble nacionalidad en el sentido más estricto de la ley, o son españoles o son ecuatoguineanos sin más; salvo que exista algún fraude de ley en esa dirección, que como las meigas gallegas, “haberlas haylas”.

¡Qué pena! Si algunos, en su ya patológica persistencia a hablar de forma tan banal y destartalada sobre Guinea Ecuatorial, por lo menos tuvieran la delicadeza de informarse adecuadamente antes de lanzarse al ruedo de la desinformación más desaforada…

En todo caso, si el altisonante encabezamiento Embajadores al rescate en la Guinea de Obiangen su momento firmado por el mismo Miguel González, se caracterizaba por no dar pie con bola debido a una serie de incoherencias y desajustes, esta vez, el recientemente publicado con el título de Guinea Ecuatorial condena a dos españoles a 90 y 60 años de cárcel por conspirar contra Obiang, riza el rizo del despropósito al atribuírseles el derecho a la doble nacionalidad a sujetos jurídicos que en términos estrictamente legales carecen de tal. Presumiblemente sea el tal Miguel González de esos que cuando no saben inventan. ¿Hay quien dé más?

Texto: Cándido Ondo Nchama
Oficina de Información y Prensa de Guinea Ecuatorial

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