Noticias Breve crónica de un retorno anunciado A escasos días antes de su escisión definitiva de la Unión Europea, el 31 de enero de 2020, al Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte le faltó tiempo para manifestar su deseo de materializar un reencuentro bilateral con el universo panafricano, evidenciando de este modo su preclara intencionalidad a recuperar el oro y el moro “desaprovechados” como consecuencia en determinado momento de la integración solemne y plena de éste en el organismo plurinacional europeo.

24/03/2020

Después del Brexit, el Reino Unido estaba decidido a impulsar sin dilación el comercio empresarial con África. ¡Casi nada! Un Reino Unido que, pese a su ya incorporación en la UE, jamás renunció a la vigencia rigurosa de su Sterling Pound de toda la vida, y prefirió seguir manteniéndola en lo más recóndito de sus prebendas económicas como plataforma para operaciones financieras de mayor calado, por si las moscas. Sutileza británica.

Se trata en todo caso, del reencuentro de dos mundos (Reino Unido y África) otrora al abrigo del encanto casi sacro de Su Graciosa Majestad Británica, un contexto en el que el reputado cronómetro Big Ben (todo él un símbolo cultural en la capital del feudo), en señal de poderío acostumbraba a indicar el paso inexorable de las horas desde el Palacio de Westminster  de Londres. Especie de ceremonial que a la sazón se hacía escuchar, cuando correspondía, con veneración sagrada en los dominios del imperio británico e incluso en algún que otro emplazamiento lejos de aquéllos.

El Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que durante centurias disfrutó de ilimitadas prerrogativas históricas por doquier, a fecha de hoy sigue ostentando el más alto honor como cabeza visible de un activo club conocido como la Commonwealth, o “Bienes Comunes”, donde, por cierto, ¡los bienes nunca fueron comunes! Pues a nadie le amarga un dulce. De ahí que resulta hasta entendible que la madre Inglaterra haya decido por su cuenta y riesgo volver al cobijo africano, si bien haciendo de tripas corazón, y pretender recomponer su desatino con África, enclave en el que ella nunca tuvo rival y siempre se movió como pez en el agua, es decir, con notable profusión y dominio en grado máximo.

Señalar en todo caso que de los 53 países que a fecha de 2020 conforman la Commonwealth y que, con la excepción de Mozambique y Ruanda, comparten lazos históricos con el Reino Unido, más de una quincena de ellos están ubicados en el continente negro.  Algunos de éstos, tal que Nigeria (cuyo número de habitantes frisa los 200 millones en la actualidad), Sudáfrica, etc., figuran como verdaderos pesos pesados en los programas de la economía mundial, las ciencias y en otros menesteres en absoluto nada triviales; y cuyo aporte y repercusión en el grueso de la Comunidad Internacional resultan a todas luces irrebatibles.  

De regreso el Reino Unido en el entorno panafricano, del que en su momento se marchó cual alma que lleva el diablo y sin despedirse, sí se espera que esta vez su iniciativa traiga consigo las alforjas pertrechadas de realidades tangibles que decididamente contribuyan en el desarrollo integral y sostenible de África en su conjunto, todo ello en un plano de sinceridad e igualdad, así como de respeto mutuo a todos los niveles. Con solo esto, hasta es posible que los africanos nos demos por satisfechos, y olvidarnos por un instante de las endémicas trifulcas de antaño basadas mayormente en “razones hereditarias”.

Un refrán español que es muy sabio y va sobrado en razones y lógica reza: “ES DE BIEN NACIDOS SER AGRADECIDOS”. Ante tal obviedad, cualquiera con dos dedos de frente comprenderá sin ambages que es una necedad y una indecencia de tamaño mayor criticar solo porque sí al presidente de Guinea Ecuatorial, Obiang Nguema Mbasogo, por haber protagonizado no hace mucho, la donación de 2 millones de dólares americanos en favor de la República Popular China, un pueblo noble que en estos momentos está siendo víctima de las inclemencias implacables de la epidemia de Coronavirus.

A aquellos que no lo sepan. En los momentos de aciaga memoria para Guinea Ecuatorial y sus habitantes, cuando medio mundo les daba la espalda y les trataba poco menos que a apestados, la República Popular China (en aquellos años ni si quiera se vislumbraba como la gran potencia económica que es en la actualidad) ya estaba allí compartiendo nuestras miserias y sacando de su propia boca lo poco de que disponía para dárnoslo, y con el único fin de aliviar el hambre insoportable de nuestros estómagos vacíos de entonces.

Un artículo que el pasado 15 de febrero aparecía en el periódico español EL PAÍS, bajo el rimbombante titular de Embajadores al rescate en la Guinea de Obiang, el cual está firmado por un plumífero desinformado y carente de ética profesional por cuanto que es incapaz de ceñirse a la verdad de los hechos. Por no darle pábulo a alguien incapaz de informarse con propiedad antes de informar, de cuyo nombre prefiero no acordarme, por ahora.

Susodicho artículo, que adolece de estilo y de elegancia literaria por ende resulta torpe y aburrido en demasía, está además plagado de desajustes informativos y de falsedades impropias de un periodista digno de ese apelativo. Y como epílogo de esta nota editorial, me invade la honda satisfacción de remitir una sugerencia sucinta a la doliente ciudadanía ecuatoguineana y paisana, en tantas ocasiones sufridora impenitente de endémicas maledicencias vertidas sobre Guinea Ecuatorial y sus instituciones desde ciertos medios de comunicación foráneos. Y es que “A PALABRAS NECIAS OÍDOS SORDOS”.

Fuente: Cándido Ondo Nchama (Revista Panáfrica)
Oficina de Información y Prensa de Guinea Ecuatorial

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